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Sociedad

Día de la Lealtad Peronista: por qué se celebra el 17 de octubre

Canal 3 17/10/2026

El Día de la Lealtad, celebrado cada 17 de octubre, es la principal fecha conmemorativa del movimiento peronista en Argentina. La jornada rememora la masiva movilización obrera y sindical en la Plaza de Mayo en 1945, que demandó y consiguió la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón, que había sido detenido días antes en la Isla Martín García.

El evento es considerado el nacimiento del peronismo y un momento bisagra en la historia del movimiento obrero argentino, ya que marcó la aparición de la clase trabajadora como un actor con una fortaleza inédita en comparación a décadas pasadas. Actualmente, es una fecha identitaria para todos los militantes y activistas que adhieren al justicialismo.

Ese 17 de octubre, miles de trabajadores se congregaron en la Plaza de Mayo para exigir la liberación de Perón, quien a las 23.10 salió al balcón de la Casa de Gobierno y dirigió un discurso que quedaría en la memoria colectiva.

“Esto es pueblo. Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre, que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la patria. Es el mismo pueblo que en esta plaza pidió frente al Congreso que se respetara su voluntad y su derecho. Es el mismo pueblo, que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda estremecer este pueblo grandioso en sentimiento y en número”, dijo Perón al hablar ante la multitud.

La movilización obrera había surgido en respuesta del general Eduardo Ávalos, jefe de la guarnición de Campo de Mayo, cuando el 8 de octubre pasado pidió al presidente de facto Edelmiro Farrell que destituyese a Perón de los cargos como vicepresidente de la Nación, secretario de Trabajo y Previsión y ministro de Guerra. El resto de la junta militar tercia a favor de la solicitud.

El rol del coronel Perón desplegó desde la secretaría de Trabajo y Previsión una política social de mejora de salarios y condiciones laborales que empoderó a los sindicatos, lo que generó resistencias de parte de sectores empresarios y conservadores. En paralelo, la oposición reclamaba el traspaso del gobierno de Farrell a la Corte Suprema. En ese marco, la oposición al hombre principal de la denominada “Revolución de Junio” fue ganando fuerza hasta su

efectivo desplazamiento como parte de las concesiones.

En los meses previos a la destitución, según reconstruye el historiador Juan Carlos Torre, los sindicatos tuvieron una postura ambivalente “sin atinar a enfrentar” la ofensiva, y estaban dispuestos a aceptar el revés con resignación. Sin embargo, se fue gestando un movimiento de cuadros gremiales intermedios que se reunieron, sin la presencia de la “vieja guardia sindical”, para pedirle a Perón que haga una despedida a las masas obreras para el 10 de octubre.

En aquella reunión asistieron Luis Gay, telefónico de la USA; Alcides Montiel, cervecero y predecesor de Pontieri en la secretaría de la CGT; Ramón W. Tejada, ferroviario de San Juan e integrante del Comité Central Confederal de la CGT, y Juan Pérez, de los ladrilleros, sindicato autónomo. Para Torre, los preparativos se organizaron “sin sospechar ni uno ni otros que con ello ponían en movimiento el motor de una reacción popular que en pocos días habría de revertir la dirección del proceso político”. A poco de finalizar esa entrevista, unas 70 mil personas se habían reunido frente a las oficinas de la Secretaría de Trabajo con las consignas “Perón Presidente” y “Un millón de votos”.

El 10 de octubre fue un acto oficial desde el balcón de la Secretaría de Trabajo en la esquina de las calles Perú y Alsina, con un discurso emitido por cadena nacional que tuvo una fuerte repercusión. Perón había tenido la autorización de quienes lo habían echado, y aún controlaba varios resortes del Estado, hasta el 13 de octubre, cuando fue encarcelado en Martín García.

Desde la prensa, las fuerzas de la oposición celebraron la medida y deslizaron el nuevo panorama que se abría para las empresas. La dirigencia obrera interpretó que la “restauración” y reversión de los derechos conseguidos había empezado, si bien persistían las diferencias internas. “Los patrones han empezado a hacer una ostentación abusiva de su poder proclamando a todos los vientos que la obra de justicia social iniciada desde la Secretaría de Trabajo sería arrasada por la nueva situación”, denunció la CGT.

Los sucesos que se desencadenaron a partir del 14 de octubre, con reuniones clandestinas, preparativos organizativos y discusiones sobre el qué hacer, estuvieron acompañadas de un intensa campaña de agitación en las filas sindicales. Un sector paralelo a la conducción reclamaba la huelga general por Perón, pero había discrepancias con esta postura. Esa presión finalmente se impuso por mayoría ante la CGT y se definió el paro para el 18 de octubre.

Los preparativos de la acción de fuerza confluyó con múltiples comités de huelga y organizaciones barriales de la extensa red sindical que contaba la central obrera. El lanzamiento de la huelga catalizó una movilización repentina a la Plaza de Mayo, para exigir la libertad de Perón, un día antes de lo estipulado. El clima previo ya era de efervescencia.

Aquel 17 de octubre, la multitud fervorosa solo podía ser desalojada por la fuerza y con un baño de sangre. Con ese apoyo, las negociaciones entre el Comité de Huelga, Perón y los mandatos militares finalizaron con la renuncia de Ávalos y Vernengo Lima como Ministro de Marina, un enemigo suyo en la interna militar.

A las 11 de las 11 de la noche de ese día, aclamado por la muchedumbre, Perón llegaría triunfador a los balcones de la Casa Rosada para pronunciar unas palabras.

 

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