El clásico de Roberto “Tito” Cossa llega al Teatro San Martín de la mano de Ruth Chacón y un gran elenco. Una propuesta que conserva la esencia del realismo argentino y el grotesco criollo, pero pone el foco en el costado más absurdo, ridículo y divertido de los conflictos familiares. El estreno será el sábado 3 de octubre, a las 21.30 horas.
Hay obras que atraviesan el tiempo porque hablan de situaciones que, aunque hayan sido escritas décadas atrás, continúan sucediendo frente a nuestros propios ojos. “No hay que llorar”, de Roberto “Tito” Cossa, es una de ellas.
La obra, escrita en 1979, llega ahora al escenario del Teatro San Martín, bajo la dirección de Ruth Chacón y con un gran elenco, en una puesta que propone al público reír y, fundamentalmente, reconocerse en aquello que sucede puertas adentro de una familia.
Detrás de esta propuesta hubo un intenso trabajo previo. La directora contó que durante mucho tiempo buscaron una obra que reuniera determinados elementos: personajes interesantes, una propuesta atractiva y, sobre todo, una historia que respondiera a lo que el público venía pidiendo.
“Hicimos un trabajo previo muy arduo hasta que apareció la obra y era lo que queríamos en cuanto a los personajes, la propuesta y lo que la gente pedía”, explicó Chacón.
Y cuando apareció “No hay que llorar”, encontraron mucho más que una obra del pasado. Encontraron un texto con una enorme actualidad.
Aunque Cossa la escribió en 1979, las realidades que plantea siguen presentes en la vida cotidiana de cualquier familia. Las relaciones, los conflictos, las tensiones, los vínculos y esas situaciones que muchas veces permanecen puertas adentro continúan teniendo una vigencia sorprendente.
“Queremos dar un mensaje actual, porque es un texto que plantea un drama, pero nosotros lo llevamos un poco para la comedia. Entonces, se vuelve divertido y tiene cosas dramáticas”, señaló el actor Horacio Fumarco.
Y allí aparece uno de los grandes atractivos de la propuesta: la risa como una manera de mirar aquello que muchas veces resulta incómodo, doloroso o difícil de aceptar.
La obra se mueve dentro del círculo familiar y deja abierto un espacio para pensar y repensar determinadas conductas, situaciones y vínculos. Porque detrás de cada carcajada puede aparecer una pregunta y, quizás, hasta un reconocimiento personal.
Chacón remarca que la puesta no modifica la esencia de la obra ni pretende cambiar su género: “No es que le cambiamos el género porque es un realismo argentino y un grotesco criollo”.
Lo que sí hicieron fue cambiar el punto de observación del conflicto.
“Pusimos el foco en otro punto de vista del conflicto, que es casi trágico y dramático. Nosotros lo profundizamos desde otro lugar: mostrar la parte más absurda y ridícula del conflicto, exacerbada a tal punto que te da risa, porque te ves reflejado en lo que les pasa a los personajes”, explicó.
Y quizás allí esté la magia de esta versión de “No hay que llorar”: encontrar humor donde también existe dolor, descubrir lo absurdo dentro de lo cotidiano y permitir que el espectador se ría de situaciones que, de alguna manera, también forman parte de su propia historia.
Una obra para disfrutar, pero también para mirarse un poco hacia adentro. Porque a veces, detrás de una familia sobre un escenario, hay un espejo que devuelve mucho más de lo que imaginamos.
Las entradas anticipadas pueden reservarse comunicándose al (2345) 565085, de 17 a 21 horas.
Compartí esta nota...
info@fortinmulitas.com.ar
0800 333 5555
Desarrollo: Innovaxion ESTUDIO